https://youtu.be/rsB0_zYhiiw?si=O18EBJ8Px7W6QWLd
"Una desaladora en Barlovento"

"Parece que los plátanos mejoran sus precios"
[..California es un ejemplo de la separación de la gestión y la naturaleza.... En Canarias, tenemos pinos, brezos, cañeros, helechos, próximos a las viviendas. Tierras cultivadas hasta hace unos años, ahora son ocupadas por maleza. Valga como referencia las zonas pobladas de los barloventos de las Islas Occidentales, desde Tentiniguada al propio Barlovento. En numerosas ocasiones tenemos pueblos rodeados por monte y matorrales, con plantas con gran capacidad para propagar el fuego: pinos, brezos, zarzas, granadillos, cañeros....]
Tiene una difícil lectura lo que está ocurriendo en California con los incendios, ya que los incendios "forestales" han quemado zonas "urbanas".
Canarias tiene muchos problemas comunes al Estado americano, veranos largos y secos, vientos del desierto (el Santa Ana en California, la calima-el siroco aquí), poblamiento disperso, expansión de las masas de vegetación, un mundo rural en crisis, expansión de las masas de vegetación, tierras en las que se han perdido los usos tradicionales (agricultura, ganadería, pastores, leñadores, actividades forestales, etc.), y, en general, una profunda crisis de la cultura rural.
Tenemos un debate con la agricultura al confundir producir plátanos con fabricar tornillos. Sobre temas ambientales y sociales, en buena lógica, los agricultores locales no pueden competir con las bananas y sus costes de producción.
Leer el paisaje agrícola, por ejemplo, entre Puerto Espíndola y la plaza de Los Sauces y compararlo con las plantaciones de Novoa en Ecuador, pone de manifiesto que la agricultura canaria no puede ni debe mirar hacia el trópico en cuanto a producción por hectárea. Plantear en las islas que esta sea de 80 Tm/ha como pretende ASPROCAN, ignorando nuestros aspectos sociales y ambientales, bien entendidos por la Unión Europea, sería un grave error para mantener el cultivo del plátano en Canarias. La Unión Europea comprendió, tras la Segunda Guerra Mundial, la necesidad de sostener el campo con “aportaciones públicas”, donde la defensa de nuestros campesinos y del medio ambiente deberían ir siempre de la mano.
Este sábado 8 de junio celebramos el 50 aniversario de la terminación de la carrera de Geografía e Historia tema este que tiene mucho que ver, en mi caso, con un campesino que había dejado unos años antes la guataca y se había embarcado en los sueños del mundo universitario.
No estamos para nostalgias, sueños y mirar caminos recorridos, pero lo que sí motiva estas letras -más allá de las relaciones humanas con los compañeros y compañeras que estudiamos en este tiempo- es la lectura de la senda recorrida y, cómo no, de la valoración de lo que hemos hecho que en buena lógica tendemos a analizar y destacar los aspectos que apreciamos como más positivos y enriquecedores.
Claro que en el nivel que nos hemos puesto de crecimiento poblacional, a un ritmo que este último cuarto de siglo supera en muchos casos el 60% de aumento en número de habitantes en varios municipios del sur de Tenerife, requerimos de la desalación de agua de mar para atender la demanda local y la presión turística (sobre 920.000 habitantes que consumen 211 litros/día cada uno a lo que se suma una población flotante de 120.000 turistas que demandan unos 480 litros/día por visitante). No, ese debate -para bien o para mal- no procede ya a estas alturas, máxime cuando la demanda urbano-turística representa en Tenerife porcentajes superiores al 50%, bastante por arriba ya de la demanda agrícola que en otros territorios de la Europa desarrollada se mantienen, como ocurría aquí hace unas décadas, en el entorno del 80%. Y no siempre por derroche, no, sino porque la producción de alimentos requiere agua y aquella sigue siendo un elemento estratégico en la economía local y global lo miremos por donde lo miremos.
Los aspectos clave hacia los que se debería enfocar una política de gestión del agua más sostenible, independientemente de los aspectos coyunturales a los que nos podamos enfrentar en un momento dado por cuestiones meteorológicos y demás, han de considerar que el agua nos impone una serie de límites y, en nuestro caso, que el mundo rural tuvo que ver con la introducción de galerías, pozos y canales que en algunos casos más que conducciones de agua parecen proezas increíbles que se llevaron muchas vidas por delante.
Fue en el año 1965, según la obra recientemente presentada de Juan Jesé Braojos Ruiz sobre los 175 años de historia de las galerías de Tenerife, cuando se alcanzó un mayor nivel de producción de agua con la friolera de 252 Hm³ (hoy día estamos sobre los 190 Hm³ en total). Sí, algo más de 8.000 litros por segundo (60.645 pipas/hora) procedentes fundamentalmente de galerías (7.000 L/s) y unos 1.000 L/s provinientes de pozos y manantiales. Obviamente en esos momentos eran desconocidos los sistemas de desalación o depuración de aguas, al menos en nuestro entorno, y más de un 80% del agua generada tenía un destino agrícola, porcentaje que hoy debe haber disminuido casi a la mitad tanto por menor superficie cultivada como, fundamentalmente, por mejora casi radical en técnicas de regadío.
Cuando nació la política agraria común (PAC), hace de eso ya más de 60 años, la población europea era mayoritariamente rural y había visto de frente el hambre y la necesidad en dos cruentas guerras mundiales, de ahí que más de la mitad del presupuesto de la Unión Europea de entonces se destinara a garantizar el autoabastecimiento y a fijar población en el medio rural al precio que fuera. Además de eso, obviamente, los votos estaban en el entorno rural cosa que en la actualidad ha cambiado radicalmente, por lo que ha terminado imponiéndose un planteamiento más de comida barata en un mundo globalizado.
Otra de las dificultades importantes con la que se encuentra hoy en día cualquiera que pretenda mantener alguna huerta cultivada o criar algún animal al aire libre es el daño que sufren sus cultivos y/o animales por parte de la mundicia que, al fin y a la postre, no deja de ser otra cosa que una consecuencia del abandono que se provoca cuando mantenemos más del 70% de tierras balutas en algunas zonas y que, a su vez genera la proliferación de animales pequeños tipo ratones, perdices, milos… e insectos tipo parásitos como pueden ser los garrapatos que se presentan en forma de auténtica plaga.
Si Nijota, el autor de la Polka Frutera en la que de alguna manera se presenta la imagen del intermediario -o gangochero- como la de un personaje aprovechado (en este caso del trabajo campesino), hubiera tenido conocimiento de que llegaría -con las grandes superficies y cadenas comerciales- el merchandising no es mucho suponer que hubiera cambiado rápidamente el sentido de las estrofas que inmortalizaran los Sabandeños.
Debemos reconocer que la gestión de la naturaleza ha sido un proceso cultural y natural en el que los campesinos han convivido relacionando las necesidades humanas de cada día con aspectos socio culturales sobre el medio y la gestión del entorno con miras, en muchos casos, de varias generaciones.
Hablamos de la construcción del hábitat, la gestión de los bosques, los aprovechamientos de tierras de cultivo, la canalización del agua, las sorribas, los drenajes de zonas pantanosas bien para conseguir suelo para cultivar bien por aspectos ambientales, la forma de gestión de los frutales y los pastos y, en suma, la mejora del ambiente humano con transformaciones ambientales en positivo.
Hablar de plátano canario sigue siendo -a día de hoy- hablar de alimentación, de economía, de paisaje y de puestos de trabajo; quizás no tantos como los 20.000 que desaparecieron casi de un plumazo con el colapso del tomate canario (que literalmente se dejó caer), pero seguimos hablando de cifras no sólo importantes sino casi fundamentales en amplias zonas de nuestro territorio todavía.
“(…) Que desde tiempo casi inmemorial, los pequeños y modestos agricultores de Tijarafe, han vivido en la opresión de un régimen feudal del medievo, por virtud de la dependencia esclavizante a que les han sometido dos o tres propietarios exclusivistas de aguas (…)”
Con esas angustiosas palabras se dirigían los 153 miembros de la cooperativa agrícola La Prosperidad, nada menos que en apogeo del Franquismo a finales de marzo de 1968, a las autoridades en un extenso escrito firmado de puño y letra por todos ellos en el que mostraban su desesperación y desasosiego ante el intento de precintar el pozo que representaba sus últimas esperanzas para salvar las tierras de cultivo, en regadío, en la Punta de Tijarafe.
Teníamos estos días la oportunidad de recibir experiencias de tres campesinos que han mantenido el cultivo de la papa bonita, o de color, a la usanza tradicional, esa que ha permitido la pervivencia de esta maravilla gastronómica desde que llegara a esos altos de Los Realejos hace más de 400 años. De hecho se dice que las primeras papas que llegaron a Holanda, y al continente europeo, procedían de Icod el Alto.
Arafo fue, y probablemente siga siendo, uno de los municipios agraciados con mejor y reparto de tierras en el sentido de la distribución de éstas en pequeños y medianos propietarios lo que, junto a las buenas condiciones climáticas, buen suelo y presencia de importantes manantiales de agua, propiciaron la aparición de una clase media vinculada al campo que fue capaz de exportar papas a Inglaterra o cebollinos a Estados Unidos no hace tantas décadas. Hoy día, después de un cambio radical que le ha convertido mayormente en un pueblo dormitorio, es incapaz de producir las papas que consume.